Llegás, tuviste un día medio de mierda, medio infeliz el hijo de puta. Te encantaría llegar a la casa de ella, porque seguís teniendo 20 y los dos vivimos con nuestros viejos. No hablo de una rutina de vivir con ella y verla cuando llegás siempre, hablo de ir con una sonrisa a su casa, que no es rutinaria para vos, y verla.
Llegaste cansadísimo y te acostás con ella en su cama simple y hablan de las cosas de la vida, de ese día feo que ya pasó y el día laaargo que toca mañana. Pero ahora están los dos solos descansando uno en el otro y acariciandose, besandose, mirandose, gustandose. Y no importa nada más en el mundo, el tiempo no corre y hoy pasó hace una eternidad y mañana nunca va a llegar. Porque están juntos y no necesitan otra cosa, ni la quieren, porque así son muy felices.
Es increíble como un ratito de eso es la mejor terapia desestresante y la forma más fácil de ponerte una sonrisa enorme en el medio de la cara. Todo eso te pone muy contento y mirás las cosas de otra forma, más alegre.